Atravesar las líneas nos ahorraba media hora de camino, que luego de haber andado casi una hora desde el Vedado hasta allí era siempre una opción muy interesante. Pero ir por las líneas de Ciénaga pasada la medianoche hace dudar al más valiente. Yo literalmente me cagaba de miedo, y aún así muchas veces el hambre y el cansancio, sumado a que me consideraba más o menos armado con la guitarra que casi siempre llevaba al hombro por aquellos días, hacían que me decantara por atravesar las líneas. Incluso seguí pasando por allí luego de los rumores de que habían aparecido varios cadáveres tirados en los matorrales. Ahora creo que no lo haría, pero bueno, tampoco llevo la guitarra y sin ella me siento como desarmado...
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario